Gabi, mi padre, fue voluntario en ESTEM. Tenía esa sabiduría que forjan las personas que han trabajado muy duro desde la infancia. Nunca tuvo pereza, siempre ayudando a los demás con una sonrisa, siempre con alguna historia que contar. Sé que hizo feliz a mucha gente y, quien da cariño lo recibe a cambio, por eso pertenecer a ESTEM le llenó de luz durante la última etapa de su vida. Sentirse integrado en una red de personas tan bonitas, sentirse querido, sentir que pertenecía a una comunidad con un objetivo tan noble como es cuidar a los demás, le llenó de esperanza, paz y serenidad. Mi padre siempre fue uno con la naturaleza, ESTEM le ayudó a sentirse, aún más, uno con la humanidad.
